
El peso de la historia en las tribunas
Hay partidos que trascienden las líneas de cal, y la semifinal frente a Inglaterra obliga a mirar por el retrovisor hacia México 1986. Si bien un gol —ni dos goles— borran el inmenso dolor de las armas, aquel enfrentamiento en el Estadio Azteca cargaba con una atmósfera imposible de ignorar. Apenas habían pasado cuatro años de la Guerra de Malvinas; la herida seguía —y sigue— abierta, el orgullo a flor de piel y el clima en las tribunas, sencillamente, cortaban la respiración de los presentes.
Fue en ese hervidero donde Oscar “Ketchup” Esquerra, fervoroso hincha argentino que acompañó a la Selección durante toda la Copa del Mundo y llevaba ese apodo porque su aspecto recordaba a un personaje animado de su infancia, se instaló junto a sus amigos en las graderías para alentar al equipo. Habían llegado al estadio con un estandarte particular.
“Teníamos una bandera que decía ‘Santa Fe Malvinas Argentinas‘. Cuando estábamos por entrar a la cancha, la Policía nos hizo cortar la palabra Malvinas para que no se generaran problemas adentro”, recordó Esquerra hace un tiempo para un medio porteño sobre el estricto ingreso. Sin embargo, la provocación no tardó en llegar.

La resistencia frente a los hooligans
Mientras el equipo del Narigón (Carlos Salvador Bilardo) calentaba motores para salir al irregular césped del gigante mexicano, la tensión en la tribuna estalló. Un grupo de hooligans, haciendo gala de su fama de violentos, irrumpió directamente en el corazón de la parcialidad argentina, detrás de uno de los arcos, buscando adueñarse del sector y marcar territorio.
Sobre aquel episodio, “Ketchup” recordó: “Vinieron a buscar roña. Se metieron en el centro de la tribuna. Les pegaban de todos lados. De arriba y de abajo. Yo me quedé con una bandera que tengo guardada en mi casa. Un recuerdo”.
Pero los europeos se toparon con una respuesta feroz. El dolor del pasado reciente y el fervor por defender su lugar se transformaron en una reacción inmediata. Sin titubeos, los hinchas argentinos, incluido Ketchup, hicieron frente a la embestida. Se desató una pelea cuerpo a cuerpo, con golpes y empujones, que terminó con los agresores ingleses expulsados del sector y obligados a retroceder por los mismos escalones por los que habían subido.
San Nicolás, en el corazón del Azteca
Una fotografía conserva el registro de aquella tarde. Allí aparecen Esquerra y otros nicoleños posando en las gradas. Y, sostenida con firmeza en medio de ese clima irrepetible, resalta una bandera albiceleste con letras gruesas y claras: San Nicolás.
La bandera nicoleña flameó en el sector más caliente del Azteca y, tras disiparse los incidentes, se ganó el derecho de ser testigo presencial de la obra cumbre de Diego Armando Maradona. Quienes la sostuvieron vieron al “Diez” elevarse hacia la inmortalidad y apilar rivales para convertir el Gol del Siglo, completando una de las tardes más memorables de la historia de los mundiales.
Cuatro décadas después, y mientras Argentina vuelve a medir fuerzas con Inglaterra en una instancia decisiva, la historia recuerda que, en la tribuna más caliente de México 1986, San Nicolás también dijo presente.



