
A lo largo de sus 91 años, su vida quedó estrechamente ligada al vóley de Gimnasia, una relación que comenzó cuando apenas tenía cinco años. Su vínculo con el club estuvo marcado por la tradición familiar, aunque su padre era hincha de Estudiantes a pesar de haber jugado en el Lobo. Con el tiempo, su nombre pasó a estar directamente asociado con Las Lobas, el equipo que nació gracias a su iniciativa y que ella acompañó hasta alcanzar la gloria.
Sin embargo, su primera ilusión estaba lejos del deporte: de niña soñaba con convertirse en bailarina clásica. El destino la llevó por otro camino y terminó formando parte de una historia de éxitos y celebraciones inolvidables junto al vóley de Gimnasia.
Así fue la historia de Alicia Casamiquela
La historia de Alicia Casamiquela con el vóley de Gimnasia comenzó en 1969, cuando tomó las riendas del equipo femenino. Su acercamiento a la disciplina había ocurrido años antes: a los 15 empezó a jugar como armadora, después de descubrir el deporte en el Normal 1. Tras un intervalo entre 1975 y 1986, fueron las propias jugadoras quienes fueron a buscarla a su casa para convencerla de regresar. Su vuelta significó el comienzo de una etapa inolvidable, en la que consiguió tres títulos de la Liga Nacional como entrenadora y dejó una marca que perduró durante generaciones.
La influencia de Casamiquela fue tan importante que resulta difícil pensar en el desarrollo del deporte femenino platense, especialmente del vóley, sin mencionar su trayectoria. Su legado incluso tuvo continuidad dentro de su familia: su hija Paula tomó la posta y condujo al conjunto hacia una nueva conquista de la Liga Nacional en 2017, alcanzando así la cuarta corona del club.
El apellido Caporali-Casamiquela terminó convirtiéndose en parte de la identidad de Gimnasia y de miles de hinchas triperos. Su dedicación y perseverancia ayudaron a acercar el vóley a un público que históricamente tenía al fútbol como principal referencia deportiva. Con el paso de los años, los títulos, las noches memorables en el Polideportivo y las celebraciones transformaron al Lobo en uno de los grandes protagonistas del vóley nacional.
Su formación como docente también marcó profundamente la manera en que entendía la competencia. Alicia sostenía que quienes se enfrentan dentro de una cancha nunca deben ser considerados enemigos, sino adversarios deportivos. Esa mirada le permitió construir relaciones de respeto incluso con instituciones rivales, entre ellas Estudiantes y Boca.
Su trayectoria trascendió las fronteras del club y de la ciudad. Fue reconocida por organismos internacionales y regionales vinculados al vóley, además de recibir el reconocimiento de la Federación Metropolitana. La propia ciudad de La Plata destacó su recorrido al nombrarla Ciudadana Ilustre.
“Para mí, en el deporte y en la vida hay que enseñar que quien está enfrente no es un enemigo, sino un rival“, explicó en una oportunidad, al resumir una filosofía que mantuvo durante toda su carrera. También destacó que su vínculo con clubes como Estudiantes y Boca siempre estuvo basado en el respeto y recordó que su profesión docente había sido fundamental para construir esa mirada.
A lo largo de su vida, también atravesó momentos de profundo dolor. En 2015 murió Rodolfo, su compañero de toda la vida, y ocho años después falleció su hijo Hernán, a los 58 años. Pese a esas pérdidas, Alicia encontró fuerzas para continuar junto a su hija Paula y conservar la energía que durante décadas la había caracterizado.
Aunque dejó el cargo de entrenadora en 2012, nunca cortó su relación con el vóley ni con el Polideportivo. Una de sus últimas apariciones públicas allí ocurrió en abril de 2025, durante una histórica final de la Liga Argentina Femenina entre Gimnasia y Estudiantes. En aquella ocasión, contó con alegría lo especial que era seguir visitando el gimnasio y reencontrarse con tantas personas vinculadas al deporte.
La jornada tuvo además un significado especial: Alicia fue la encargada de entregar el trofeo de la Liga Nacional a Las Lobas, que acababan de conquistar su quinta corona. A los 90 años, volvió a levantar una copa vinculada con una historia que también ayudó a construir desde sus comienzos.
Su legado permanece en cada sector del Polideportivo, en las vitrinas repletas de trofeos, en el reconocimiento de sus antiguos rivales y en el cariño de las nuevas generaciones. La historia del vóley de Gimnasia está profundamente ligada a Alicia Casamiquela y a todas las jugadoras y colaboradores que confiaron en aquella idea y ayudaron a convertirla en una tradición.



