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La ciudad bajo el agua y el poder de tour

San Nicolás volvió a quedar colapsada por las lluvias y con un gran número de familias tapadas por el agua. La reiteración de la desidia estructural desnuda un Municipio ausente de las urgencias reales

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Hay una ironía difícil de pasar por alto. Los hermanos Santiago y Manuel Passaglia pasean por Neuquén y se hacen filmar a cada rato para cebar lo que parece ser de lo más importante de sus existencias: las redes sociales.

A cientos de kilómetros, la ciudad que administran hace más de una década volvió a mostrar una cara bastante menos conveniente para cualquier presentación política: más de 90 milímetros de lluvia concentrados en menos de una hora, barrios inundados, calles anegadas y reclamos vecinales por problemas de falta de obras y cero mantenimientos de desagües.

La escena podría resumirse con una frase incómoda: los Passaglia buscan explican cómo gestionar una ciudad mientras San Nicolás revela, con agua, lo que todavía falta resolver. Y no es necesario convertir una tormenta en una acusación. Nadie puede atribuirle a un intendente la decisión de que llueva ni exigir que controle el clima. Lo que sí puede discutirse es qué se hizo antes, qué infraestructura existe, qué sectores continúan siendo vulnerables y por qué los mismos problemas reaparecen cada vez que las precipitaciones superan determinados registros, cuadro que se agrava pese a las innumerables alertas generadas por el fenómeno El Niño.

El episodio fue particularmente significativo porque llegó apenas unos días después de que Santiago Passaglia difundiera un mensaje destinado precisamente a destacar las obras hídricas, el mantenimiento de los desagües y la preparación de San Nicolás frente a lluvias intensas.

El intendente había sostenido que el clima no puede controlarse, pero que sí puede hacerse “el trabajo que corresponde”. La tormenta hizo el resto: puso esas palabras frente a una prueba concreta y dejó numerosos barrios con calles anegadas, vecinos reclamando mejoras en desagües y diferentes sectores todavía pendientes de infraestructura.

La realidad tampoco quedó limitada a algunas calles. Se registraron acumulaciones de agua en distintas zonas y varias escuelas sufrieron el ingreso de agua. Por ejemplo, cuatro establecimientos debieron suspender la presencialidad, mientras desde el Consejo Escolar se señaló que uno de los principales problemas estaba relacionado con la capacidad de desagües y canaletas frente al volumen precipitado.

¿Qué significa exactamente ser un modelo de gestión? ¿Es una ciudad que puede mostrarse bien en una recorrida por otra provincia? ¿Es una sucesión de videos, anuncios y fotografías cuidadosamente producidas? ¿O es también una administración capaz de anticiparse a los problemas menos vistosos, esos que no suelen convertirse en contenido para las redes sociales?

Porque hay una parte de gobernar que difícilmente pueda convertirse en material de campaña. No tiene épica, no ofrece paisajes petroleros y rara vez genera aplausos. Es limpiar un conducto, mantener un zanjón, corregir un drenaje, resolver una calle que se anega, terminar una obra hidráulica o llegar a un barrio antes de que los vecinos tengan que llamar desesperadamente para pedir ayuda con el agua al cuello. Es, justamente, esa parte aburrida y silenciosa de la administración pública la que suele aparecer cuando llegan las tormentas.

Y ahí la distancia entre el relato y la realidad empieza a hacerse visible.

Los hermanos Passaglia pueden hablar desde Vaca Muerta, de producción, de empleo y de cómo suponen debe funcionar la economía. Pueden recorrer otras ciudades y presentar su experiencia política. Todo eso forma parte de su actividad pública. Pero mientras procuran proyectar hacia afuera una determinada imagen de San Nicolás -cada vez más de los Arroyos-, la ciudad sigue teniendo sectores donde una lluvia intensa alcanza para poner en evidencia las graves dificultades de una infraestructura que no resuelve sus problemas básicos.

El dato meteorológico es contundente: San Nicolás llegó a registrar más de 90 milímetros durante la jornada de este miércoles, según distintos registros difundidos ese día.

La lluvia fue excepcional. Precisamente por eso la discusión no debería ser si una ciudad puede quedar afectada ante un episodio extraordinario, sino cuánto logra reducir sus consecuencias y cuánto tiempo necesita para responder.

Después de años de continuidad política, tampoco parece suficiente volver a explicar cada episodio como una contingencia inesperada. Una administración puede exhibir las obras realizadas y, al mismo tiempo, reconocer que existen sectores pendientes. De hecho, ambas cosas pueden ser ciertas: hay trabajos ejecutados y existen problemas que todavía persisten. La discusión seria empieza justamente ahí, en determinar si las prioridades de inversión y mantenimiento están alcanzando a quienes más las necesitan.

Porque mientras en Neuquén los hermanos Passaglia hablaban de un modelo de ciudad, en San Nicolás la lluvia ofreció su propia versión del modelo. Una versión sin discursos, sin escenografía y sin edición: barrios bajo el agua, un vendaval de quejas de los vecinos y una infraestructura que, frente a una tormenta severa, volvió a quedar bajo examen.

Los Passaglia pueden mostrar San Nicolás hacia afuera, seguir de tour y venderse como Batman y Robin. La lluvia, en cambio, se encargó nuevamente de mostrarla hacia adentro. Aunque está vez quedó más claro que el agua que no es la fotografía que a ellos más les preocupa.

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