Sociedad

A 39 años de los primeros rezos en El Campito

Una histórica postal de junio de 1987 recuerda los tiempos en que los fieles se congregaban frente a un pequeño oratorio, dando inicio a un fenómeno mariano que transformó la fisonomía, la economía y la proyección internacional de San Nicolás

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Ayer se cumplieron 39 años de una jornada fundacional para la memoria colectiva y religiosa de la ciudad. En aquel invierno de 1987, bajo las inclemencias del tiempo y resguardados apenas por algunos paraguas, un reducido grupo de fieles se acercaba a rezar a un precario e íntimo oratorio levantado en el descampado conocido popularmente como “El Campito”.

Aquella fisonomía inicial, donde la devoción desafiaba la falta de infraestructura, sembró la piedra fundamental de lo que hoy constituye uno de los centros de peregrinación más importantes de América Latina.

La humilde escena de los primeros años contrasta notablemente con la realidad arquitectónica actual. Tras el inicio de las apariciones marianas reportadas por Gladys Motta en 1983, el lugar cambió de manera definitiva cuando comenzó la planificación del gran templo.

La colosal estructura del Santuario de María del Rosario de San Nicolás demandó casi tres décadas de esfuerzos compartidos, colectas comunitarias y un trabajo minucioso de ingeniería hasta ver completadas su icónica cúpula central y sus naves interiores, integrando el diseño arquitectónico con la magnitud de la convocatoria popular.

Un motor de identidad con proyección internacional

Para muchos nicoleños, el desarrollo del Santuario no representó únicamente un hito espiritual, sino también una profunda transformación urbana y social. La zona ribereña y los accesos locales debieron adaptarse para albergar de forma permanente las masivas manifestaciones de fe, especialmente cada 25 de septiembre, cuando cientos de miles de peregrinos llegan a la ciudad.

Este movimiento constante modificó la economía local, impulsando el crecimiento de los sectores hotelero, gastronómico y comercial, y posicionando de manera definitiva el nombre de San Nicolás de los Arroyos dentro del circuito turístico y religioso internacional.

La transición desde aquel pequeño espacio de oración de 1987 hasta el imponente templo actual refleja la evolución de un fenómeno que marcó la historia reciente de la ciudad y redefinió buena parte de su identidad colectiva.

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