Historias

Alejandro Vivanco Cortés: el arte de crear emociones a través del color y el dibujo

Desde pequeño encontró en la pintura y el dibujo su forma de expresión. Hoy combina la docencia, la serigrafía y la creación de escenografías con su compromiso por el arte colectivo

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Alejandro Vivanco Cortés disfrutaba desde chico de pintar, dibujar y crear sus propias historietas e imágenes para contar historias. Esa inclinación lo llevó, durante su adolescencia, a ingresar a la escuela de arte para estudiar Diseño Gráfico y el profesorado de Artes Visuales, una decisión que marcó el comienzo de un vínculo más profundo con la actividad artística, hasta convertirla en una parte fundamental de su vida.

Con el tiempo, el arte fue ocupando cada vez más espacios en su cotidianeidad y despertó también su faceta militante, vinculada con causas que promueven el desarrollo de las expresiones artísticas, sin distinción de géneros ni ámbitos. Así llegaron las intervenciones en calles, paredes, ferias y diferentes eventos culturales.

En la actualidad, tiene un taller de serigrafía denominado “La Recalcada Estampa” y es profesor de Artes Visuales. Desde hace varios años, como parte de su reinvención como artista, también participa en el armado, la confección y el montaje de escenografías para espectáculos teatrales. En las próximas semanas comenzarán las nuevas funciones de “La casa de los insectos”, una obra en cuya realización intervino desde diferentes aspectos.

La elección por el dibujo y la pintura: “Desde chico siento que es el lugar donde me puedo encontrar con más claridad, mi viejo me inculcó el mundo de la literatura y mi mamá al ser maestra jardinera compartió ese espacio de armar manualidades para sus clases, lo disfrutaba muchísimo. Pero cuando empecé a dibujar y a pintar por mi cuenta creo que ahí si realmente me di cuenta que estaba en mi mundo, recuerdo a mi viejo yéndome a buscar varias veces por día para salir a jugar a la calle y yo estaba encerrado en mi cuarto, con mis dibujos, con mi mundo, no lo cambiaba por nada”.

La confección de su propio mundo: “Si tengo que definirte mi mundo, claramente son los colores, junto con las formas busco trabajarlo desde un lado en donde cada emoción se pueda identificar, experimentar desde la emoción a través de los colores me fascina y ojalá lo pueda hacer toda la vida y desde diferentes ámbitos y perspectivas. Por otro lado hoy siento que estar en el apartado de las escenografías me obligó e hizo que tenga a dar un salto de calidad en mi forma de trabajar para poder estar a la altura de las obras que se deben representar o los sentimientos que se mostrar, estoy totalmente agradecido”.

La supervivencia del artista: “Es complicado poder vivir completamente de esto, uno debe estar constantemente en un proceso de reinvención, de hecho mi lado escenográfico es la parte más clara de mi reinvención, tengo el privilegio de ser convocado con frecuencia para realizar este tipo de trabajos y así obtener un dinero extra. También con el taller de serigrafía trato de solventar todos los proyectos personales que tengo, estamos en un época complicada y en mi caso no es la excepción, pero mis herramientas en la docencia y el brindar talleres colaboró a tener más o menos una estabilidad”.

El lado docente: “Poder compartir lo que hago generando alguna emoción colectiva me demuestra aprendizajes que nunca pensé que iba a tener. Detrás de cada persona hay una historia, algo que contar y algo que aprender y todo me lo enseñó ser docente. Más allá del conocimiento siento que mi granito de arena con el arte es poder colectivizar las emociones”.

La construcción desde lo colectivo: “Tengo la suerte de tener muchos amigos y amigas artistas que me ayudan con mi inquietud de hacer, construir espacios, generar conciencia a través de algún movimiento artístico, la autogestión son complementos que me sirven para poder llevar un pedacito de arte a un lugar nuevo. Siempre el arte te va abriendo puertas y que mejor que hacerlo con amigos de forma colectiva”.

La tranquilidad con el mundo artístico: “En mi mundo artístico lo que predomina es la comodidad y si bien no es una emoción profunda de la cual uno se puede agarrar, el entender que es mi mundo y puedo estar en la forma que quiero hace que todas las demás emociones lleguen como tienen que llegar, sería muy difícil pertenecer en un espacio que no puedo hacerlo mío”.

La dificultad de transmitir emociones muchas veces reside en no encontrar un espacio donde puedan expresarse, generar otras nuevas o inspirar ideas capaces de desarrollarse plenamente. En ese universo, Ale encontró no solo su propio mundo, sino también una misión: colectivizar aquello que permita a las personas, a los artistas y a quienes se acercan a contemplar sus creaciones vivir de una manera más plena y estable, con seguridad, causas justas y nobles.

Su mirada también se apoya en la convicción de que aquello que se construye desde lo colectivo puede llegar mucho más lejos y dejar una huella perdurable. Nació una flor, casi todos los días sale el sol y, junto a los colores y dibujos de Ale, por suerte, el inconsciente colectivo continúa más vivo que nunca.

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