Sociedad

Carlos Franchi: “El buen gusto debe ser uno de los límites del periodismo”

Con más de tres décadas en los medios y una trayectoria como docente, Carlos Franchi expone sin rodeos la pérdida de rigor en el oficio y denuncia el avance del periodismo superficial, guiado por el show y el ego personal.

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Carlos Alberto Franchi, periodista con más de tres décadas de recorrido en medios, docente en carreras vinculadas a la comunicación y la sociedad, padre, apasionado por su familia y fanático de Independiente de Avellaneda, es un fiel servidor de vivir todo por la anécdota, a pesar de que ciertos sucesos traigan momentos agridulces.

El sentir de una vocación es uno de los disparadores más comunes del inicio de una pasión: “Comencé estudiando Ciencias Económicas. No me hallé en esa carrera, tenía problemas personales, entonces decidí cambiar el rumbo rápidamente, escuchando lo que decía mi interior y dictaba mi vocación. Desde muy chico seguía las transmisiones deportivas del momento, los diarios, las revistas, todo lo informativo que existía por ese entonces. Me encantaba el periodismo deportivo, pero decidí abocarme a algo más completo y estudiar periodismo integral en el Instituto San Martín de Rosario, una carrera que permitía tener un oficio y no quedar encasillado solo en lo deportivo.”

Cuando se le pregunta por qué el periodismo, la respuesta es una crítica contundente al presente: “El periodismo está atravesando una crisis mundial. No es solo una problemática de nuestro país. Es la última barrera para detener a la barbarie. Hoy el periodismo está debilitado, tiene menos herramientas, debido al avance de la estupidez humana que atenta contra la esencia de nuestro accionar. De todo aquello que aprendimos en su momento sobre esta profesión, queda muy poco. Solo existe una proactividad al interés: lo están destruyendo.”

Franchi también logra unir sus pasiones: “Con el paso del tiempo, con la experiencia adquirida, pude comprender que se pueden unir el deporte y el periodismo como dos pasiones complementarias. Ahora también se sumó el arte de enseñar. No el de ser docente, sino el de asimilar que, en un espacio donde existen diferentes posturas, ideologías o emociones, podés encontrar aprendizajes que vas a utilizar, difundir o que te van a inspirar para cosas de tu vida diaria o para objetivos concretos.”

La visión actual de la profesión es crítica y nostálgica de un oficio que, a su juicio, ha perdido profundidad: “Hoy estamos ante un nuevo periodismo que se maneja con la impronta de lo que sucede en el momento. Hoy digo una cosa, mañana digo todo lo contrario, sin argumentos, sin puntos a tratar, sin consideraciones de ningún sentido. E incluso hay algo peor: se está enseñando a ejercer de esa manera. No existe una elaboración conceptual de comentario, de opinión, de editorial, de nota, de análisis. No existe más todo eso. Algunos medios de impronta histórica pueden mantener ese estilo, pero generalmente no se ve por ningún lado.”

Sobre los pilares que alguna vez sostuvieron el oficio, su lectura es tan aguda como frontal: “La ausencia de postura crítica, recuperar la capacidad de análisis… Si, por ejemplo, no sabés la diferencia entre una sociedad en democracia, una derecha y una izquierda, no podés analizar nada. Te guiás solo por factos. El ‘vedettismo’ que carga el periodista hoy es moneda corriente. Muchos se creen más importantes que la nota que están realizando. Y obviamente, las operaciones de prensa están a la orden del día. Un gran porcentaje de los medios de la ciudad se manejan así: desde un plano totalmente berreta, sin escrúpulos, y muy fácil de detectar para quien tenga una mínima instrucción sobre cómo ejercer el periodismo.”

Sobre el concepto del periodismo como “cuarto poder”, no se guarda nada: “Nunca me gustó ese concepto. Al periodismo lo tomo como un poder que está fuera de los tres conocidos en un sistema democrático, juzgándolos por igual, sin presiones, con argumentos, con crítica y en total libertad.”

La historia se escribe en hojas desordenadas. Por eso, algunos maestros como Carlos Franchi continúan transmitiendo la última palabra revelada en la caja de Pandora, aún sabiendo que habrá lúmpenes criticando dicha maestría. Muchos, con años de trayectoria inocua, no generaron el más mínimo respeto por su falta de hemoglobina y pasión. El “vampirismo” succionador de sangre, almas y otras sustancias que impiden que el periodismo vuelva a las bases que lo convirtieron en algo esencial para la sociedad también forma parte de la problemática.

En la actualidad se ejerce una nueva Ley del Talión que atenta contra la libertad, la verdad e incluso la integridad de quien practica el arte de comunicar. Siempre habrá un idiota que quiera contarte la historia o tomar acciones legales por ejercerla. Pero la atención al momento de la caída de quienes forman parte del problema será vital para no repetir la historia.

“Nadie quiere la verdad, sólo quieren ver el show.” Carlos Franchi

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