Deportes

“Cuando me preguntaron qué quería ser, dije: árbitro”

Santiago Fernández tiene 24 años y encontró en el arbitraje una vocación que lo desafía a tomar decisiones en segundos, afrontar la presión y ejercer el liderazgo sin perder la calma

banner-noticia
banner-noticia

Entre el silbato, la banderita, el gimnasio, los videojuegos y la Fórmula 1, Santiago Fernández mostró en GOLAZO su lado menos conocido: la pasión por el rol de asistente, la presión de impartir justicia dentro de la cancha y las ganas de seguir creciendo.

— ¿Quién es Santiago Fernández cuando no está arbitrando?

—Soy tranquilo y sencillo. Me gusta pasar tiempo con mi familia y amigos. Hoy vivo del arbitraje y tengo la espinita pendiente de terminar el profesorado de Educación Física, algo que me arrepiento de haber dejado. Suelo cocinar bastante y me gustan los videojuegos.

— ¿Qué significa tu familia en tu vida?

—Es mi pilar fundamental, mi cable a tierra. Siempre están bancándome y apoyándome. Tengo la suerte de compartir el arbitraje junto a mi hermano.

— ¿Cómo es un día sin partido?

—Suele pasar poco, pero trato de descansar. Juego, miro fútbol y, si puedo, salgo con amigos. También me mantengo activo y organizo mis entrenamientos. Con mis amigos analizamos y debatimos jugadas que vemos en redes; eso ayuda a crecer.

— ¿Qué no puede faltar en tu heladera?

—La gaseosa sin lugar a duda, soy muy adicto, y el yogurt. Cuando se puede un vino blanco para relajar, jaja.

— ¿Qué lugar ocupa el deporte?

—Lo es todo. Lo tengo inculcado desde muy chico. Hoy estoy muy enganchado con la Fórmula 1 y el fútbol. El gimnasio también se volvió un hobby.

— ¿Cómo llegaste al arbitraje y quién te motivó?

—Siempre me llamó la atención. Cuando terminé el Baby nos preguntaron qué queríamos ser de grandes y dije árbitro. Dejé de jugar a los 16 y arranqué a los 19. Mi mejor amigo me insistió muchas veces; yo no me animaba porque era muy tímido. Fue fundamental.

— ¿Qué fue lo primero que te atrapó?

—El rol de árbitro asistente. Me siento muy cómodo y disfruto la adrenalina de estar atento a decisiones rápidas. Ahora me estoy formando como principal, pero el asistente es el rol que más me gusta.

— ¿Qué significa ser árbitro?

—Es tener una responsabilidad muy grande: tomar decisiones, mantener la calma y tratar de ser parcial y justo. También significa aprender constantemente y trabajar en equipo.

— ¿Qué harías si no fueras árbitro?

— Sería profe de educación física seguramente o estaria ligado a algo que tenga que ver con los deportes

— ¿A quién admirás?

—A Fernando Rapallini por su personalidad, la tranquilidad que transmitía y cómo conducía sin buscar ser protagonista.

— ¿Qué es lo más lindo y lo más difícil?

—La adrenalina desde el pitazo inicial hasta el final, tomar decisiones en milésimas, el liderazgo y el trabajo en equipo. Lo más difícil es la presión y mantener la concentración durante todo el partido.

— ¿Cómo convivís con las críticas?

—Vivimos en una sociedad muy eufórica y hostil que no suele aceptar que los árbitros podemos equivocarnos. Trato de tomar las críticas con tranquilidad y aprender de cada partido.

— ¿Qué sentís cuando una decisión puede cambiar un partido?

—Intento mantener la calma y sentir que tomé la decisión correcta en ese momento. Sé que puede cambiar el partido, por eso busco decidir con seguridad y no pensar en las consecuencias.

— ¿Hay algún partido que recuerdes especialmente?

—Mis debuts, como asistente y como principal. También la final del Clausura 2025, que se jugó en el Estadio de San Nicolás.

— ¿Qué te enseñó el arbitraje para la vida?

—A liderar, trabajar bajo presión y mantener la calma. Soy muy pacífico y no suelo discutir mucho. El arbitraje me permitió conocer facetas y personalidades que antes no demostraba.

— ¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar?

—Paciencia, mucha constancia y disciplina. No es fácil, pero si realmente le gusta, con esfuerzo y aprendizaje se puede crecer muchísimo.

— ¿Qué sueño te queda por cumplir?

—Tengo muchísimos sueños. Esto recién es el comienzo de algo grande que quiero construir. Tengo mucha hambre de gloria, pero queda muchísimo trabajo, esfuerzo y dedicación. Pasito a pasito y siempre con humildad.

banner-noticia

Artículos Relacionados

Volver al botón superior