Historias

De Urquiza al Mundial: la historia del excompañero de “Dibu” que no llegó a verlo campeón

Compartieron entrenamientos y tardes de fútbol en General Urquiza cuando eran chicos. Uno llegó a ser campeón del mundo; el otro fue asesinado horas antes de la consagración argentina en la Copa América 2021.

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Esta noche, cuando Emiliano “Dibu” Martínez vuelva a salir a la cancha con la camiseta de la Selección Argentina en el debut mundialista, millones de personas volverán a posar los ojos sobre uno de los grandes símbolos del ciclo más exitoso del fútbol argentino.

Habrá quienes recuerden sus atajadas en Qatar, sus penales en Copa América o aquella frase que quedó para siempre en el imaginario futbolero.

Pero en Mar del Plata también habrá quienes vuelvan inevitablemente a una foto de hace más de 25 años. En esa imagen aparecen chicos con camiseta blanca, roja y verde de la escuela de fútbol del Club General Urquiza.
Entre ellos está Emiliano Martínez. Y también aparece Leandro Vilugron.

De chicos compartieron entrenamientos, partidos y tardes enteras alrededor de una cancha de tierra. Pero el tiempo los llevó por caminos completamente distintos. Mientras uno terminó convirtiéndose en arquero de la Selección y figura internacional, el otro murió asesinado el mismo día en que Argentina volvió a gritar campeón después de 28 años.

Todo eso ocurrió el 10 de julio de 2021. Aquella noche Argentina jugaba la final de la Copa América contra Brasil en el estadio Maracaná. En miles de casas había reuniones familiares, asados, televisores encendidos y expectativa por volver a ganar un título.

En la casa de los Vilugron también. Cristian, el padre de Leandro, había organizado una cena sencilla para acompañar el partido. Había encendido el fuego y planeaba cocinar rabas al disco. El horario estaba calculado para llegar tranquilos al comienzo del encuentro.

Antes de salir, Leandro le pidió prestada la moto. La idea era ir a buscar a su novia al macrocentro y regresar rápido para ver juntos la final. “Andá y volvé tranquilo que tenés tiempo”, recuerda la familia que fue la última frase que escuchó antes de verlo salir.

Leandro tenía 30 años. Trabajaba como albañil, hacía trabajos mecánicos y estaba entusiasmado con terminar de armar un auto propio, uno de esos proyectos que se construyen durante años entre jornadas laborales y fines de semana.

También había jugado al fútbol desde chico. Y aunque entre él y “Dibu” había dos años de diferencia, coincidieron en la escuela de fútbol de General Urquiza, donde se formaron decenas de chicos de distintos barrios.

Por entonces, Alberto “Beto” Martínez llevaba a jugar a Alejandro, el hermano mayor de Emiliano. El más chico no tardó en sumarse. Los que compartieron aquellas tardes recuerdan que “Dibu” todavía no era arquero por completo. Incluso cuentan que más de una vez le pidió al entrenador jugar de delantero como su hermano.

La foto que volvió a circular después de los títulos muestra justamente esa etapa: chicos de barrio, con botines gastados, sin imaginar demasiado sobre el futuro.

Nadie podía saber que uno de ellos terminaría levantando trofeos frente al mundo. Aquella tarde de julio de 2021, mientras esperaba a su novia, Leandro seguía de cerca todo lo que pasaba con la Selección. Como tantos marplatenses, también miraba con orgullo que uno de los suyos estuviera por jugar una final.

Pero nunca llegó al partido. Según quedó acreditado después en la investigación judicial, alrededor de las 19.30 se produjo una discusión de tránsito en la zona de Juan B. Justo y Entre Ríos. Segundos más tarde el conflicto continuó hasta Juan B. Justo e Independencia. Allí, el conductor de una camioneta interceptó a Leandro y lo atacó con un arma blanca.

La víctima sufrió heridas mortales. Mientras familiares y amigos empezaban desesperadamente a llamar por teléfono para saber dónde estaba, el partido estaba por comenzar.

En la casa familiar las rabas quedaron sin cocinar. Cuando Cristian e Isabel (su madre) llegaron al Hospital Interzonal ya no había nada por hacer. Argentina esa noche le ganó 1 a 0 a Brasil.

En Río de Janeiro comenzaron los abrazos, las lágrimas y una imagen que después sería histórica: Emiliano Martínez campeón con la Selección.

En Mar del Plata, una familia comenzaba un duelo. Con el tiempo llegó el proceso judicial. En marzo de 2024, un jurado popular declaró culpable al acusado del homicidio y posteriormente recibió una condena de 12 años de prisión.

Pero para quienes conocieron a Leandro, la historia nunca terminó de cerrarse ahí. Marcelo Di Clemente, uno de los compañeros de aquellos años en Urquiza, todavía recuerda las tardes compartidas.

Recuerda que “Dibu” iba al banco cuando faltaba arquero, que miraba avionetas cuando el partido estaba lejos del área y que Leandro jugaba cerca suyo.

También recuerda otra escena. Dos días antes del crimen habían visto publicada nuevamente aquella vieja foto de inferiores. La comentaron. Hablaron de que uno de los chicos del barrio estaba por jugar una final con la Selección. Y se ilusionaron con verlo campeón.

Leandro alcanzó a verlo llegar. No alcanzó a ver todo lo que vino después.

Esta noche en Kansas, cuando vuelva a sonar el himno y “Dibu” aparezca bajo los tres palos, aquella foto infantil probablemente vuelva a circular. No por nostalgia solamente. Sino porque recuerda algo que el fútbol pocas veces deja ver: que detrás de cada campeón también hay historias compartidas, barrios, compañeros y destinos que alguna vez empezaron exactamente en el mismo lugar.


Fuente: Con información de La Capital

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