
Un hecho muy grave sacudió este fin de semana a la Liga Nicoleña: no hubo actividad en ninguna de sus categorías por una medida de fuerza de los árbitros, consensuada con la Liga, ante una deuda que algunos clubes mantendrían por aranceles arbitrales y que rondaría los 20 millones de pesos. Una situación inadmisible que exige reflexión y, sobre todo, respuestas.
Este fin de semana ocurrió un hecho muy grave para la salud del fútbol nicoleño y que hacía muchos años no sucedía: un paro total de actividades por decisión de los árbitros, en consenso con la Liga Nicoleña. No hubo partidos de Primera División, Inferiores, Infantiles ni Fútbol Femenino. La pelota dejó de rodar en todas las categorías.
La medida se tomó como consecuencia de la enorme deuda que algunos clubes mantienen por los aranceles arbitrales y que, según trascendió, rondaría los 20 millones de pesos. Una cifra escandalosa, que expone una realidad que el fútbol local ya no puede seguir ignorando.
A esta altura de noviembre de 2026, con una Liga que hace tiempo dejó de ser amateur en su funcionamiento, organización y exigencias, resulta inadmisible que algunas instituciones no puedan cumplir con responsabilidades tan elementales como gestionar los recursos necesarios para pagar a los árbitros y garantizar los operativos policiales.
«La Liga es para los que pueden y no para los que quieren», decía el maestro León Najnudel, creador de la Liga Nacional de Básquet. Una frase que también debería aplicarse al fútbol. Participar de una competencia implica asumir obligaciones y estar a la altura de las exigencias que demanda su organización.
Esta vez pagaron justos por pecadores. Clubes que hacen enormes esfuerzos para cumplir, jugadores que entrenan durante toda la semana, familias que organizan sus fines de semana alrededor de una cancha y chicos que esperan jugar quedaron atrapados en un conflicto generado por responsabilidades que no les corresponden.
La medida es extrema, pero entendible. Y, fundamentalmente, debe funcionar como una señal de alarma para los dirigentes de las instituciones que mantienen deudas. No alcanza con querer competir, participar de los torneos y levantar una copa. También hay que gestionar, conseguir recursos, cumplir y hacerse cargo.
La pregunta inevitable es: ¿qué va a pasar el próximo fin de semana? El precedente es alarmante. Si la deuda no se resuelve, el fútbol nicoleño corre el riesgo de volver a quedar paralizado.
La Liga, los clubes y sus dirigentes tienen por delante una responsabilidad enorme. No se puede permitir que el incumplimiento de algunos termine perjudicando a todos.
Porque el fútbol es de todos, pero las obligaciones son de cada uno.



