
El futuro del rugby nicoleño dejó de ser promesa para transformarse en presente. Y tiene tres nombres propios. Con apenas 19 años, Nicolás Aquiles Parigini Ancarani, Fausto Aranda y Faustino Bracalentti dieron en 2026 el salto al Plantel Superior de San Nicolás Rugby y no solo se adaptaron: se ganaron un lugar como titulares en la Primera.
Integrantes de la línea de tres cuartos, Parigini (fullback), Aranda (wing) y Bracalentti (centro o wing) aportan frescura, velocidad y decisión a un equipo que busca consolidarse en la Segunda División del Regional. Formados en Regatas y Belgrano, atravesaron todo el proceso y hoy viven lo que durante años fue un sueño.
“Estoy muy contento por poder jugar en Primera, es algo que quise desde que empecé. Cuando uno es chico, siempre sueña con esto”, cuenta Bracalentti. En la misma línea, Aranda agrega: “Es algo muy lindo que quería lograr desde chiquito”. Parigini, más sereno, lo resume así: “Lo estoy viviendo muy bien, disfrutando cada partido”.
El salto no fue casualidad. Detrás hay constancia, disciplina y compromiso. “La receta fue entrenar con ganas y no faltar nunca”, asegura Aranda. “El entrenamiento constante, tanto individual como grupal”, suma Parigini. Bracalentti completa la idea: “Hicimos una gran pretemporada, fui perseverante, no falté al gimnasio ni a las prácticas y traté de aprovechar cada indicación del cuerpo técnico”.
El cambio de Juveniles a Primera se sintió. Más intensidad, más roce, otra velocidad de juego. Pero también un grupo que acompañó. “Se nota mucho la diferencia, pero los compañeros nos recibieron muy bien”, dice Bracalentti. “Me siento cómodo y seguro, te dan confianza todo el tiempo”, destaca Aranda. “Hay más golpes y ritmo, pero me sentí bien”, agrega Parigini.
Puertas adentro, el plantel también muestra señales positivas. “El equipo está más unido y organizado”, analiza Parigini. “Se notan los cambios en el sistema y el objetivo de ser competitivos”, aporta Bracalentti. “Salimos a ganar siempre y dejamos todo en cada pelota”, resume Aranda.
Esa unión también se refleja en lo humano. “Se formó un gran grupo”, coinciden. Hay respaldo, confianza y una idea clara: crecer juntos.
En cuanto a los objetivos, no dudan. “Lograr el ascenso y seguir jugando con mis amigos”, se ilusiona Bracalentti. “Me gustaría jugar en Primera con mi hermano”, confiesa Aranda, cuyo mellizo Mateo juega en Reserva. “Que podamos competir por el torneo”, apunta Parigini.
Tres historias que se cruzan en un mismo presente. Tres pibes que empujan desde atrás y ya son realidad. Porque en San Nicolás Rugby, el futuro no espera.
Ya llegó. Y llegó por triplicado.



