Sociedad

El oficio de encontrar el libro indicado en tiempos de Google y de Inteligencia Artificial

El domingo se celebró el Día del Bibliotecario y quienes trabajan en las bibliotecas populares de la ciudad, cuentan cómo cambió su tarea con la llegada de Internet, los celulares y la IA, pero también cómo estos espacios encontraron nuevas formas de seguir convocando a lectores y vecinos

banner-noticia
banner-noticia

Durante mucho tiempo, la imagen del bibliotecario estuvo asociada casi exclusivamente a los estantes, los libros y el registro de préstamos. Pero la manera en que las personas buscan información, elige qué leer y se relacionan con la cultura cambió. Internet, los teléfonos celulares y, más recientemente, la Inteligencia Artificial modificó hábitos que durante décadas parecían inalterables.

No obstante, en las bibliotecas de nuestra ciudad hay algo que permanece: alguien que orienta, recomienda, escucha, acerca un libro y, muchas veces, ayuda a encontrar aquello que el lector todavía no sabía que estaba buscando.

En el marco del Día del Bibliotecario, que se conmemora cada 13 de septiembre, Héctor Sierra, bibliotecario de la Biblioteca Popular Rafael de Aguiar, y Alejandra Gómez, de la Biblioteca Popular Barrio del Carmen, comparten sus miradas sobre un oficio que continúa transformándose.

“Ser bibliotecario es ser un intermediario entre el libro y el lector, orientando, aconsejando y comentando con el lector la lectura de algún libro”, definió Sierra.

Para él, la esencia de la tarea no cambió demasiado, aunque sí lo hicieron las herramientas y las formas de comunicarse con los usuarios. “Las preguntas que antes la gente hacía por teléfono ahora las hacen por WhatsApp”, explicó.

Pero uno de los cambios más notorios aparece en los estudiantes. Sierra contó que internet y los celulares impactaron especialmente en la consulta de libros escolares. Historia, química, biología y otras materias dejaron de ser motivos frecuentes para acercarse a buscar información en los estantes.

“Ya son muy pocos los estudiantes que vienen a consultar libros de texto”, señaló.

Eso no significa que los jóvenes hayan desaparecido de las bibliotecas. Por el contrario, en la Rafael de Aguiar continúan incorporándose nuevos socios, especialmente jóvenes de entre 15 y 20 años. La diferencia está en lo que buscan.

Entre los títulos que circulan aparecen novelas juveniles y obras que también tienen presencia en plataformas digitales o adaptaciones audiovisuales.

Los adultos, en tanto, mantienen una búsqueda más ligada a sus autores y géneros preferidos. Sierra observa una presencia importante de novelas históricas argentinas, policiales y psicológicas, además de poesía y ensayo.

En la Biblioteca Popular Barrio del Carmen, Alejandra Gómez también percibe diferencias según las edades.

“Los adultos suelen buscar lecturas específicas de sus autores o géneros preferidos. En cambio, los adolescentes buscan libros que son tendencia en plataformas digitales o que están muy ligados a adaptaciones visuales. Y los más chicos se conectan desde el juego, atrapados por formatos dinámicos e ilustraciones llamativas”, sostuvo.

Para ella, ser bibliotecaria hoy implica, sobre todo, acompañar.

“Es una labor importantísima y sumamente gratificante. Es una gran profesión que me permite conectar con las personas, guiándolas en la búsqueda de la información que necesitan y acompañándolas”, subrayó.

En una época en la que cualquier persona puede obtener miles de resultados con una búsqueda en internet o formular una pregunta a una inteligencia artificial, esa función de orientación adquiere otra dimensión. No toda la información que aparece en una pantalla es necesariamente correcta, completa o confiable.

Una bibliotecaria puede ayudar a distinguir unas fuentes de otras, verificar información y orientar una búsqueda.

“Te guía a fuentes confiables y te ayuda a verificar que la información sea correcta, evitando respuestas incorrectas o datos que no provienen de lugares seguros”, resaltó Gómez.

Pero la biblioteca también ofrece el encuentro, algo que difícilmente pueda reemplazarse con una pantalla.

En la Rafael de Aguiar, ese carácter se manifiesta en una amplia variedad de propuestas. Allí se dictan talleres de yoga, escritura creativa, acuarela, inglés para adultos, celulares para adultos, teatro inclusivo, inteligencia artificial y folclore.

También se realiza una función de cine una vez al mes, seguida de una charla con el público y algún especialista sobre el tema abordado por la película.

El SUM recibe, además, presentaciones de libros y conciertos de música, mientras que durante el año se realizan exposiciones de arte en el espacio denominado “César Bustos”, en homenaje al pintor y poeta nicoleño.

“Se transformó también en un espacio de encuentro”, resumió Sierra.

En los talleres, narró, las personas no solamente aprenden, sino que comparten, conocen a otros y encuentran intereses en común.

En el Barrio del Carmen, esa dimensión también aparece ligada a la lectura. La biblioteca cuenta con un taller para niños al que concurren numerosos chicos. Allí, el acercamiento a los libros no se plantea como una obligación escolar, sino como una experiencia vinculada con el juego.

“Lo que más disfruto es guiar al usuario para que encuentre y disfrute de los libros o la información que necesita, especialmente al compartir la lectura con los niños”, describió Gómez.

La tecnología, entonces, no necesariamente aparece como enemiga. Para la bibliotecaria del Barrio del Carmen también puede convertirse en una aliada. Las redes sociales permiten difundir actividades, comunicar novedades y llegar a personas que quizás todavía no cruzaron la puerta de la biblioteca.

En la Rafael de Aguiar, por ejemplo, los nuevos libros que ingresan se comunican a los usuarios a través de WhatsApp y también se reciben visitas de colegios.

Así, mientras algunas formas tradicionales de consulta disminuyen, aparecen otras maneras de acercarse. El desafío ya no parece ser solamente conseguir que una persona entre a buscar un libro, sino lograr que la biblioteca continúe siendo un espacio significativo en medio de una oferta prácticamente infinita de contenidos.

En esa tarea, el libro físico todavía conserva un valor particular.

banner-noticia

Artículos Relacionados

Volver al botón superior
×