Sociedad

Gonzalo Barile, el hombre que construye no solo con materiales sino también con valores aprendidos

Arquitecto, apasionado del fútbol y herencia viva de un periodista entrañable. Gonzalo Barile proyecta mucho más que construcciones: levanta puentes entre generaciones, saberes y afectos

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Gonzalo Barile es arquitecto, bilardista convencido, oyente fiel de radio, apasionado del fútbol y admirador de Fito Páez, a quien considera uno de sus pilares musicales. Sociable y familiero, es uno de los cuatro hijos del recordado Raúl Barile, un periodista que dejó huella en la ciudad. Desde su lugar, Gonzalo honra ese legado, no solo con lo que hace, sino con la manera en que elige construir.

Sobre su elección por la arquitectura cuenta: “Fui a la primaria a la escuela Normal y cuando tenía que decidir pasar a la secundaria, opté por la escuela industrial, la Escuela N.º 1. Siempre me gustó el dibujo y, en el tercer año de cursado, estaba la opción de elegir la carrera de Maestro Mayor de Obras. No me costaba dibujar, me encantaba y lo disfrutaba mucho. Hice todo el camino correspondiente, me recibí de Maestro Mayor de Obras y luego decidí dar un paso más y me anoté en la facultad, en la carrera de Arquitectura. Siempre me llamó la atención; solía y suelo caminar por el centro, veo las diferentes construcciones y pienso cómo las haría yo o cómo puedo arreglar las fachadas de diferentes espacios.”

Respecto a la relación de la arquitectura con el arte explica: El concepto de crear, de ser creativo, es la similitud con el arte: poder ver en tu cabeza cómo querés crear o construir algo y materializarlo. Esta última palabra también marca la diferencia con el arte: nosotros materializamos el arte y se puede vivir adentro; al arte le agregamos funcionalidad. Muchos jóvenes me preguntan acerca de la carrera y yo les respondo que la principal ley u objetivo de la profesión es poder materializar lo que pensás; nada debe quedar en un boceto.”

Uno de los valores que marcan su vida es el ser agradecido: “Durante la secundaria y en la carrera de Arquitectura tuve la fortuna de encontrarme con profesores que acompañaban mucho a los alumnos en el desarrollo profesional. Hasta el día de hoy tengo relación con ellos y, si tengo alguna duda o consulta, sé que me van a responder. Yo no soy profesor, pero trato de hacer lo mismo ante alguna consulta o duda, ya que eso recibí en su momento y hay que devolver lo que recibís de alguna manera. Las consultas vienen de la mano de creer que la arquitectura es solo dibujar, y la realidad es que no es así. Por lo tanto, ante esa consulta o idea, lo que hago es que la persona conozca un estudio de arquitectura, pero también la llevo a una obra. Entender que el dibujo es solo una parte de la profesión, y que existen otras cosas con la misma importancia que eso.”

Acerca de los referentes en la arquitectura responde: Más allá de aquellos referentes que aprendés mientras transitás la carrera, como Le Corbusier, por ejemplo, soy admirador del estudio de Córdoba que construyó el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Me gusta seguir sus trabajos. Soy un apasionado de ver cómo se conforman los estudios de arquitectura y cómo te insertás laboralmente. Me fascina ver cómo desarrollás el camino para que alguien confíe en vos para construir el lugar donde va a vivir. Hoy en día, ese es el desafío más grande.”

Sobre sus otras pasiones comenta: “Soy un apasionado del fútbol. Bilardo influyó mucho en mi carrera. Él decía que para ser un buen médico tenés que estar bastante tiempo en un hospital. Yo tomé esa idea y la llevé a mi mundo. Cuando estudiaba arquitectura no existía internet y tampoco tenía la economía para comprar las revistas de arquitectura de la época, entonces me obligaba a ir mucho antes de las clases a mirar las revistas en la biblioteca de la facultad. En el mundo de la arquitectura, cuando tenés más conocimiento visual, más rápido vas a encontrar una solución.”

Finalmente, sobre el legado que dejó su padre reflexiona: “Mi papá fue una persona muy importante para mí. Pocas personas buenas como él. Te enseñaba la vida sin decir nada. Mis hermanos y yo nunca hicimos nada malo para no defraudarlo; fuimos cumplidores de sus valores y principios sin que nos dijera nada. Muchas cosas no hice para no hacerle pasar un mal momento a mi papá. La capacidad de confianza, el valor de la amistad, la importancia de la familia son pilares de lo que soy hoy en día gracias a él. Pero lo más importante fue la libertad con la cual me dejó ser. Siempre me permitió hacer lo que quería, y eso es lo más valorable entre tantas cosas maravillosas.”

El arte y la cultura no funcionarían sin un camino de humanidad, y en ese sendero se encuentra Gonzalo, ejerciendo una profesión importante en la comunidad, construyendo lugares, espacios y hasta algunas personas, siempre valorando aquel conocimiento aprendido tanto como la importancia de los vínculos, teniendo en cuenta el aprendizaje del pasado y replicándolo en la actualidad de otra forma. La arquitectura podrá ser considerada un arte o no, pero el arte de Gonzalo, principalmente, es ser buen tipo, como se lo enseñó su padre.
Si existen estos caminos de arte y humanidad, claramente a todos nos debería gustar estar al lado del camino fumando el humo mientras todo pasa.


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