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Los nenes políticos del like: legisladores que sólo actúan para las redes

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La Legislatura bonaerense atraviesa una crisis de productividad y representación: meses de inactividad, gastos millonarios y una dirigencia más preocupada por el impacto en redes sociales y medios amigos que por resolver los problemas reales de los ciudadanos.

La política argentina encontró en las redes sociales un escenario ideal para construir personajes, instalar consignas y disputar atención. El problema aparece cuando esa lógica reemplaza la tarea para la que los ciudadanos eligen a sus representantes.

En la Legislatura bonaerense, demasiados dirigentes parecen haber confundido el recinto con un estudio de televisión y la función legislativa con una campaña permanente de posicionamiento personal.

La fotografía institucional de 2026 es alarmante. Diputados pasó meses prácticamente sin sesionar y el Senado ofreció un cuadro todavía más preocupante, con más de medio año perdido antes de volver al recinto. Mientras tanto, ambas cámaras consumen alrededor de 379 mil millones de pesos anuales, más de mil millones por día, sostenidos por los impuestos de una sociedad que enfrenta inseguridad, crisis sanitaria, deterioro de la infraestructura y una presión fiscal cada vez más asfixiante.

Sin embargo, buena parte del debate público protagonizado por los legisladores no giró en torno a soluciones concretas para esos problemas. Lo que predominó fueron las chicanas, los homenajes, las declaraciones de interés, los discursos grandilocuentes y las intervenciones pensadas para convertirse en recortes virales. Muchos parecen legislar para TikTok, para X o para un puñado de medios afines, no para los bonaerenses.

Resulta difícil explicarles a millones de ciudadanos que esperan turnos médicos, sufren cortes de luz, viajan en condiciones deficientes o viven con miedo, por qué sus representantes dedicaron meses a disputas por cargos, módulos y equilibrios internos.

Más difícil todavía es justificar que, cuando finalmente se reúnen, parte de la agenda quede absorbida por homenajes, declaraciones simbólicas o comparaciones históricas extravagantes que poco tienen que ver con las urgencias de la Provincia.

Nadie cuestiona el valor de algunos reconocimientos institucionales ni la importancia de determinados debates culturales. El problema es el orden de prioridades. Cuando lo accesorio ocupa el centro de la escena y lo urgente queda relegado, la política deja de representar a la sociedad y empieza a representarse a sí misma.

El caso de IOMA es un ejemplo contundente. Millones de afiliados padecen demoras, prestaciones insuficientes y crecientes dificultades de acceso a la salud.

No obstante, los pedidos de informes y los intentos de discutir seriamente la situación de la obra social fueron postergados una y otra vez. Para quienes esperan una respuesta médica, el algoritmo no cura y los discursos no resuelven nada.

La desconexión se vuelve todavía más grave si se recuerda el escándalo de “Chocolate” Rigau, símbolo de una estructura política que durante años administró recursos y contrataciones bajo sospecha. Lejos de convertirse en un punto de inflexión, el episodio parece haber sido absorbido por el sistema sin generar las reformas de transparencia que la sociedad esperaba.

La Provincia más grande del país necesita legisladores que estudien, debatan, controlen y produzcan leyes útiles. Necesita representantes que pasen menos tiempo buscando una frase para el “trending topic” y más tiempo trabajando sobre seguridad, educación, salud, producción y empleo. Porque el problema ya no es solamente la ineficiencia legislativa: es la transformación de la política en un espectáculo donde muchos dirigentes parecen medir su éxito por la cantidad de reproducciones, entrevistas o seguidores, mientras las demandas reales de la gente continúan acumulándose sin respuesta.

Cuando una Legislatura gasta más de mil millones de pesos por día y pasa meses sin legislar, la discusión deja de ser partidaria. Se convierte en una cuestión de responsabilidad pública. Y los principales perjudicados son, una vez más, los bonaerenses que financian un poder cada vez más costoso y cada vez más lejos de sus problemas cotidianos.

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