Sociedad

El riñón, un órgano vital que no siempre da señales de alerta

Conocer cómo funcionan y cuáles son los factores de riesgo es el primer paso para prevenir la Enfermedad Renal Crónica. Detectarla a tiempo mediante controles simples puede evitar complicaciones graves y tratamientos complejos como la diálisis

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Por el Dr. Alejandro Spagnolo, médico especialista en Clínica Médica e integrante del staff de DIALMED San Nicolás.

En primer lugar, debemos saber que el riñón es un órgano sumamente complejo que cumple funciones diversas como la eliminación de líquido y electrolitos que se encuentran en exceso, productos de desecho derivados del metabolismo celular y otros tipos de tóxicos. De igual importancia son las funciones endocrinológicas, entre las que se encuentran la formación de hormonas que regulan el sistema cardiovascular y de eritropoyetina que regula la formación de glóbulos rojos en sangre. Además, contiene una enzima que es la responsable final de la formación de calcitriol, el cual interviene en el metabolismo de los huesos. Por todo lo dicho hasta aquí, no es difícil imaginar que cuando este órgano se enferma se produce una gran variedad de alteraciones en el organismo que repercuten en la salud humana.

La Enfermedad Renal Crónica se observa cuando el funcionamiento del riñón se reduce en diferentes grados según la severidad y/o existe un cierto daño que se puede ver por métodos complementarios como la anatomía patológica (punción biopsia renal), ecografía u análisis de orina.

Las principales causas son la diabetes mellitus y la hipertensión arterial, seguidas por procesos patológicos propios del riñón (glomerulonefritis) y quistes múltiples en ambos riñones (poliquistosis). Por supuesto que el envejecimiento, la enfermedad cardiovascular (ateromatosis e insuficiencia cardíaca) y los antecedentes familiares contribuyen a que aparezca o se empeore la enfermedad en cuestión.

Como decía previamente, al principio no se observan manifestaciones que llamen la atención tanto del paciente como de su médico.

Sin embargo, con el correr del tiempo es probable que se alteren los análisis de rutina y se evidencien síntomas como anemia (falta de glóbulos rojos), náuseas, vómitos, falta de apetito, hinchazón de las piernas y alteraciones de los huesos. Pero lo que tiene un gran impacto en el paciente es la mayor probabilidad de padecer una complicación cardiovascular (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y obstrucción arterial periférica).

El tratamiento en fases tempranas es relativamente sencillo mediante conductas conservadoras (dieta, medicación, evitar ciertos tóxicos renales y control de las causas que la producen). Sin embargo, una vez que avanzó es una enfermedad de más difícil y costoso manejo, que en algunas ocasiones requerirá de un tratamiento sustitutivo como la diálisis, en sus dos modalidades: hemodiálisis y diálisis peritoneal.

El médico clínico general asume un papel trascendente al detectar la anomalía e indicar una pronta derivación al especialista (nefrólogo) para llevar a cabo un manejo en conjunto. De esta forma es posible reducir la velocidad de progresión y, en consecuencia, la posibilidad de complicaciones cardiovasculares.

En resumen, podríamos brindar una serie de recomendaciones preventivas sobre el tema:

  • Llevar una vida saludable para evitar que aparezcan enfermedades como la diabetes y la hipertensión arterial

  • Controlar la salud anualmente con el médico de cabecera, incluyendo tomar la presión arterial y un laboratorio general (especialmente orina completa y creatinina sérica)

  • Prestar atención a ciertos grupos más vulnerables:

  • Mayores de 60 años

  • Diabéticos

  • Hipertensos

  • Personas con enfermedades cardíacas y vasculares

  • Antecedentes de enfermedad renal crónica en la familia

  • Derivar prontamente al especialista para un manejo más adecuado

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