Sociedad

Cómo funciona la comunidad digital que aparece detrás del ataque en la escuela santafesina

El crimen en la escuela “Mariano Moreno” expuso una red internacional que idolatra masacres. Autoridades confirmaron vínculos entre los adolescentes involucrados y advirtieron que no se trata de un hecho aislado. Detectaron al menos 15 casos similares en el país en los últimos años.

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El asesinato de Ian Cabrera Núñez, de 13 años, en la escuela N.º 40 “Mariano Moreno” de San Cristóbal, Santa Fe, abrió una investigación que va más allá del hecho puntual y pone el foco en una red digital internacional que promueve la violencia extrema. El ataque ocurrió el 30 de marzo, cuando G.C., un adolescente de 15 años, disparó al menos cinco veces con una escopeta 12/70 en el patio del establecimiento, mató a su compañero e hirió a otros ocho estudiantes.

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, junto al gobernador santafesino, Maximiliano Pullaro, confirmó que el agresor formaba parte de una comunidad virtual que analiza e incluso busca replicar asesinatos masivos. “No es un caso aislado. No es un caso de bullying”, sostuvo la funcionaria, al tiempo que detalló que este fenómeno ya fue detectado en el país en al menos 15 casos, con otros cuatro aún bajo análisis, en investigaciones que cuentan con colaboración internacional.

Según explicó Monteoliva, estos espacios digitales presentan “conductas nihilistas y misantrópicas que apuntan a admirar la violencia y ejecutar actos de violencia”. La referencia central de estos grupos es la masacre de Columbine de 1999 en Estados Unidos, donde dos estudiantes asesinaron a 12 alumnos y a un docente antes de suicidarse.

En esa línea, Pullaro descartó que se haya tratado de un episodio aislado o un brote individual. “No fue un brote psicótico. Este joven participaba de una red internacional, una subcultura digital denominada TCC”, afirmó. Según el mandatario, estos espacios funcionan como ámbitos de pertenencia donde se glorifican delitos violentos y, en algunos casos, se avanza hacia la imitación.

La investigación también logró establecer un vínculo directo entre el tirador y N.C., otro adolescente detenido por encubrimiento y posible instigación. Fuentes del caso señalaron que existía “un conocimiento exhaustivo” de lo que iba a ocurrir y que el segundo implicado incluso manifestaba intenciones similares en conversaciones previas. Los investigadores no descartan que su rol haya sido más activo que el de simple encubridor.

El jefe del área antiterrorista de la Policía Federal, Guillermo Díaz, explicó que esta subcultura, conocida como True Crime Community, es descentralizada y transnacional. “No tenemos que fijarnos en una estructura física. Es una comunidad digital fascinada por tiradores seriales”, indicó. Además, describió un proceso escalonado en el funcionamiento de estos grupos, que comienza con el consumo de contenido sobre masacres y puede derivar en la planificación de ataques.

En el caso de San Cristóbal, la pista clave surgió de un análisis de redes sociales y dispositivos electrónicos. A partir de peritajes sobre el celular del atacante, se detectó su conexión con otros jóvenes, incluido el menor detenido en Sunchales, acusado de difundir amenazas sobre posibles nuevos tiroteos en escuelas de la región.

Durante los allanamientos, las fuerzas de seguridad secuestraron un revólver cargado, dispositivos informáticos y material digital que ahora es analizado para reconstruir la red de contactos. “Observamos una estrecha vinculación entre el tirador activo y este otro menor”, explicó Díaz sobre el avance de la causa.

En paralelo, la investigación también conecta estos hechos con el denominado movimiento incel, una corriente digital que combina celibato involuntario, misoginia y discursos de odio. “Es un movimiento de chicos que odian a las mujeres y a quienes logran relaciones afectivas. Ese odio puede escalar hasta cometer masacres”, sostuvo el funcionario.

El impacto del ataque también se trasladó a la comunidad educativa. Días después del hecho, circuló un mensaje que advertía sobre un posible nuevo tiroteo en otras escuelas de la zona, lo que generó temor entre alumnos, docentes y familias. En ese contexto, se registraron nuevas detenciones en Sunchales y Rafaela por amenazas y por portación de armas en ámbitos escolares.

Pese a la alarma, fuentes policiales aclararon que estos episodios no responden a organizaciones criminales estructuradas, sino a iniciativas individuales influenciadas por estos entornos digitales. La investigación continúa bajo la órbita de la Policía de Investigaciones de Santa Fe y el Ministerio Público de la Acusación, que buscan identificar a otros posibles integrantes de la red.

Un informe de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional describe a la TCC como una subcultura digital integrada principalmente por jóvenes de entre 13 y 20 años, que operan a través de plataformas como Discord o Telegram. Allí comparten contenido, construyen narrativas comunes y, en los niveles más extremos, planifican ataques para dejar una marca dentro de la comunidad.

Fuente: Con información de Data Clave

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