Sociedad

Alan Vivanco Cortés: el teatro como puente entre la realidad, la actuación y los vínculos humanos

Apasionado por la actuación y la enseñanza, sostiene que el teatro permite entenderse mejor, fortalecer los vínculos y encontrar, en la incomodidad, una oportunidad para crecer y expresarse.

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Alan Vivanco Cortés transitó su infancia y adolescencia entre la escuela privada y técnica. Dentro de ese ambiente conoció a personas vinculadas al mundo artístico que lo impulsaron a la actuación, y fue así como participó de los Bonaerenses con la obra “Made in Lanús”. La vida lo llevó a cruzarse con innumerables artistas que formaron y forman parte de la escena actual del teatro en la región, desarrollando en él la educación a la hora de actuar o de transmitir los conceptos que el teatro carga en su historia: pasión, exigencia, disciplina. Activo, predispuesto y permeable a toda emoción artística que fluya en el espacio donde deba desarrollarse desde el plano físico y mental, entendiendo cualquier circunstancia que el desafío indique.

Actuar, una forma de entendimiento: “La actuación es el espacio donde logro entenderme mejor, ahí encuentro mis fortalezas, mis virtudes, mis defectos, lo cual hace que fortalezca mis vínculos de manera profesional y personal. En la incomodidad de las circunstancias que el espacio me brinda busco la forma de hacer las cosas de la mejor manera posible hasta alcanzar el objetivo. Sé que muchas veces se torna cuesta arriba, pero el teatro también es una cuestión de ganas y esas nunca faltan”.

La incomodidad que busca ser vista: “El teatro es incomodidad, es una constante lucha contra el conflicto. El espectador, en parte, busca eso, ver todos tus estados arriba de un escenario; quiere verte pasarla bien, pasarla mal, vivir y morir, prácticamente un reflejo de la vida misma. Es hermoso jugar con todo y mostrarte a tu manera tal cual sos”.

La representación de la actuación: “La actuación es el amor de mi vida, la pasión que marcó grandes momentos de mi historia. Otras pasiones son los vínculos, mis amigos, mi pareja. Vivo todo a flor de piel, absorbiendo lo necesario para crecer como persona y actor”.

Ser docente y ser actor: “Ser docente me posibilita jugar con las condiciones que se presentan en la vida; en cambio, en el ser actor soy una persona predispuesta a esas condiciones. Invito a mis alumnos a despertar la curiosidad a través del juego, salir del hermetismo e individualismo de la adolescencia y fomentar el trabajo grupal e integración a través de la realidad fuera del marco virtual”.

La actualidad del género actoral: “La actuación necesita forjarse de popularidad. Lo comparo mucho con la danza, y no desde el plano de la competitividad sino como una cuestión de observación. La danza ha crecido muchísimo en la ciudad debido a que ha tenido gente muy disciplinada, arriesgada y osada en proponer ideas, lo cual llevó a que mucha gente se anime a formar grupos de baile y de trabajo. Personas como Juan Ignacio Pasquetta y Jeremías Chungo han sabido durante mucho tiempo mantener esa llama lo más viva posible, pero todavía desde el plano actoral no veo una popularidad acorde en la ciudad, como sí ocurre con la danza y la comedia musical. Igual estoy observando que este año hay más producciones que años anteriores, pero es solo el comienzo de algo que tiene que ser más natural o normal para la comunidad de San Nicolás”.

La docencia como comunicación: “Trato de ver cada obra que puedo. A través de mis redes sociales también aporto y acompaño en la difusión, pero sé que con eso no alcanza, por eso me metí en la docencia. Considero que aquellos adolescentes que no tienen idea de nada de la vida, como lo fui yo, siempre tuvieron a alguien que los hizo reflexionar o les voló la cabeza. A mí, en su momento, me pasó con Historia y hoy en día trato de ser ese alguien para esos chicos, hablándoles de las cualidades del teatro, mostrar una alternativa sólida para aquellas personas que lo requieran y utilicen ese recurso”.

La emoción del arte: “La unión de la mente, el cuerpo y el alma en su plano neurológico, sentimental y abstracto es lo que me emociona. Entregar todo en función de lo que se quiere expresar, más allá de las técnicas o de la trayectoria, tener la capacidad para transformar dicha unión en una sola pieza artística es lo que logra emocionarme, así como también logra enriquecerme. Cuando eso sucede siento que también mejoré como persona”.

Soñar con un mundo manejado desde el plano mental por el arte puede sonar utópico, mas no para Alan, que con su ideología forjada a base de sucesos que en su debido momento no tenían demasiada explicación, supo recordar y aceptar su enseñanza en el instante preciso. Transmitir un camino de vida que, con sus dificultades internas y externas, muchas veces oscila en el abandono, también puede ser una alternativa para canalizar las emociones de manera maravillosa. La docencia y la actuación son germinadoras de esperanza, y Alan no solo protege su jardín, sino que todos los días busca la forma de ser un mejor jardinero.

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