
Hay cosas que cuesta entender. Boca Juniors, uno de los clubes más grandes del mundo, presentó seis jugadores extranjeros en la planilla ante Vélez por la Copa Argentina, cuando el reglamento establece un límite de cinco. Boca ganó por penales y ahora habrá que esperar qué decide la AFA.
Pero hay una pregunta que va mucho más allá de lo que finalmente resuelva el Tribunal de Disciplina.
¿Qué estaríamos diciendo si esto le hubiera pasado a un club nicoleño?
Imaginemos por un instante que un dirigente de nuestra Liga comete una negligencia semejante. Que presenta una planilla incumpliendo una regla básica de un torneo oficial. ¿Cuánto tardarían en aparecer las críticas? ¿Cuántos pedirían sanciones? ¿Cuánto duraría el escarnio público?
Seguramente, muchísimo.
Porque el problema no es solamente qué sanción corresponde. El problema es que los reglamentos existen para ser cumplidos. Y en un club de la dimensión de Boca resulta todavía más difícil comprender cómo dirigentes, cuerpo técnico y toda una estructura profesional pueden pasar por alto algo tan elemental.
Y después apareció la declaración del presidente de Boca, con esa frase que suena bien para la tribuna: “Los partidos se ganan en la cancha y Boca fue superior a su rival”.
¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra?
Nadie discute dónde se juegan los partidos. Lo que se discute es si una institución cumplió o no con las reglas antes de jugarlos.
Si un equipo presenta seis extranjeros cuando puede presentar cinco, no estamos hablando de si fue superior, si jugó mejor o si mereció ganar. Estamos hablando de una posible infracción reglamentaria.
La AFA decidirá qué corresponde. Pero hay algo que debería estar por encima de cualquier fallo: la misma vara para todos.
Porque si mañana un dirigente nicoleño comete exactamente el mismo error, difícilmente alguien le diga que “los partidos se ganan en la cancha”.
El fútbol argentino necesita menos demagogia y más respeto por sus propios reglamentos.



